Falso Abril
Ella sin dudas era una de las chicas más lindas, claro está
que en la edad de la pubertad se suele decir eso con frecuencia, pero esta vez estaba
muy seguro de que era así. Su larga cabellera rubia, sus llamativos ojos
celestes y su figura, un tanto baja pero delicadamente esbelta.
La vi por primera vez caminando en el centro. Ella sin perder
el paso de sus amigas me siguió con la vista y yo, embobado por tan radiante perfección
y esa hermosa sonrisa que iluminaba aquella fría noche de abril, quedé inmóvil viéndola.
Nuestras miradas se entrelazaron por unos segundos hasta perdernos en la
multitud de la gente. Seguí caminando con esa hermosa figura en mi mente. De
hecho no pude seguirla ya que tenía que acompañar a mi amigo del alma, de esos
con los que uno puede confiar cualquier
todo, a los que uno puede llamar hermano. Él tenía que encontrarse en
veinte minutos con una chica por lo cual no podíamos retrasarnos.
Luego de varios días de soñar con ella pude contactarla.
Estaba entusiasmado por hablar con ella, aunque también los nervios atacaban
mi estomago. Nuestra relación iba mejorando aunque tan solo éramos conocidos,
tengo que confesar que se me escapó algún que otro piropo que ella agradecía
cordialmente.
Fue pasando el tiempo, y a raíz de que nuestra relación
mejoraba y mostraba intimidad, decidí dar un paso adelante. A declararle mis
sentimientos. Expresar abiertamente lo que mi corazón a gritos mudos trataba de
decir cada vez que estábamos juntos.
Inflé mi pecho, tome el auto de mi padre sin que este se diese
cuenta y me dirigí al bar donde sabía que todos los sábados a las nueve se
reunía con sus amigas. Llegué al bar bien vestido, estacioné apresurada pero
correctamente el auto y bajé con una firme fachada asegurándome que mi ropa
estuviese bien acomodada.
Entré al bar y todos me miraban; con envidia por parte de
los caballeros y con encanto por parte
de las damas. Subí al segundo piso donde se encontraba ella.
En menos de 5 segundos mi estado emocional se desplomó por completo y una gran decepción invadió mi mente. Pegué la vuelta y subí al auto dando un portazo que rajó la pintura. Mientras manejaba de regreso a mi hogar aumentando cada vez más la velocidad debido a la rabia que desataba mi corazón destrozado, reflexionaba; hasta que punto de falsedad pueden llegar las personas.
Esa tarde luego de que mi furia cesara, mire el lado positivo
de aquella lastimosa experiencia. Esa tarde no perdí a la chica de la cual estaba enamorado sino verdaderamente desenmascaré a quien creía uno de mis mejores amigos, a
quien creía uno más de mis hermanos.
Martin Mendez .
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